365 días de libros: poesía
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El antólogo, de Nicholson Baker


¿Has oído hablar de la Gran Novela Americana? Pues no es esta.

El gran drama humano que nos cuenta este libro es el de un poeta que tiene que lavar a su perro, tiene que escribir un prólogo a una antología de poesía rimada, tiene que arreglar su vida. Sube al granero de su casa a cantar a voz en cuello, llama por teléfono a su novia, que le ha abandonado, se pilla los dedos dando martillazos, nos ofrece comentarios escatológicos, dialoga con el ratón que vive en su cocina.


Me pregunto cómo sonará en inglés esta prosa entrecortada. No, no leerla, sino saber cómo suena, leída en voz alta.  A veces este parece un libro para ser leído en voz alta. A veces, también, me han dado ganas de cerrarlo, de renunciar a su lectura, de abandonar el libro. Pero ¿qué se ha creído este antólogo? No me interesan tus cuitas con tu novia, tu perro, tu trabajo, tu martillo. No me interesa la rima.Nunca he oído hablar antes de W.S. Mervin. Tienes un problema y me lo vas a contar en un libro de 230 paginas y quieres que me lo lea. Voy a seguir leyendo, un poco.


Hay un gran placer en leer a alguien que posee un conocimiento, lo usa y habla de ello. Como un novelista que dominara la técnica de la construcción con ladrillo hueco, o la del podado de los árboles frutales, o la de montar en skate. Este hombre -el autor, el poeta, el otro- domina un campo: la poesía rimada, un asunto sin el menor interés.
¿Saben? Podría seguir escribiendo indefinidamente. Así soy yo. Soy yo lo que tienen delante. Yo y nadie más. (p. 193)


Todo el mundo quería siempre que Elizabeth Bishop leyera "El pez" en alta voz, porque es bueno. Pero ella terminó odiándolo y temiendo tener que leerlo (p. 138). El antólogo dialoga con Elizabeth Bishop y con algún otro poeta laureado, a lo largo de la novela. Pero no es una novela poética. Ni una novela de fantasmas. Aunque aparezcan muchos poetas muertos.


¿Cuántos poetas americanos se mencionan en este libro? Contiene un apéndice con las traducciones de los textos citados, muy elegantes, de poetas ingleses y americanos: W. H. Auden, Aphra Ben, Ludwig Bemelmans, Elizabeth Bishop, Louise Bogan, William Byrd, Alice Carey, Samuel Taylor Coleridge, John Dryden, James Fenton, Alfred Edward Housman, Samuel Johnson, Rudyard Kipling, Norman Lewy, Edward Lear, Thomas B. Macaulay, Alan Alexander Milne, Cristopher Morley, Dorothy Parker, Coventry Patmore, Edgar Allan Poe, Mary Louise Ritter, Sir Walter Scott, Theodor Seuss Geisel, Percy B. Shelley, Edna St. Vincent Millay, Algernon Charles Swinburne, Sara Teasdale, Alfred Tennyson, Nicholas Vachel Lindsay, Edward Vance Cooke y Henry Wadsworth Longfellow. Esos son los poetas cuyos poemas se citan en el texto, y en algunos casos se escanden. Pero además se mencionan los poetas destructores de la rima, sobre los que el autor echa pestes: Ezra Pound, Allen Ginsberg y Mina Loy se mencionan varias veces. Mina Loy, polifacética artista inglesa que fue amante de Marinetti, el fundador del Futurismo, al que el autor achaca el comienzo del fin de la poesía rimada. Y nuestro autor trabaja con la poesía rimada, adora la poesía rimada, ha dado clases sobre la poesía rimada, está intentando escribir un buen prólogo para una antología de poesía rimada.
El verdadero ritmo de la poesía es un ritmo de paseo. O un ritmo de baile. Una gavota, un minueto, incluso un vals. (p. 152)
Un-dos-tres, un-dos-tres:
Half a league, half a league, half a league onward,
All, in the Valley of Death, rode the six hundred.
Media legua, media legua, media legua y a la carga
Al valle de la muerte cabalgaron los seiscientos.
Así es como lo lee Tennysom, con los tresillos. Los tresillos se llaman dáctilos o anapestos en la jerga oficial, según sea tónica o átona la sílaba con que comiencen. Pero esas palabras no son sino fragmentos retorcidos de erudición muerta y lo mejor es que se olviden de ellos inmediatamente. (p. 142)
Este antólogo cumple su misión: quiere que conozcas y aprecies algo que vive de capa caída: la rima, la poesía rimada. Te convence de que todo rima y de que siempre buscamos la rima. Y nos menciona para ello a los raperos de su barrio. Y a poetas rancios. Pero el antólogo menciona también, repetidas veces, a Louise Bogan:




Y nos confiesa "siempre tengo el secreto deseo de que las cosas rimen" (p. 66). Nos vamos dando cuenta, si hemos superado las páginas que nos invitan a no volver a oir hablar de anacolutos y anapestos, de que el antólogo es un ser entrañable, con su martillo, su jardín y su ratón, y que merece ser oído en voz alta.

No querría contarles el final, lo que se dice destripar la novela, pero sepan que al final acaban aprendiendo algo sobre la luz que refleja la nieve en los árboles, sobre las manchas de aceite en el suelo de los aparcamientos públicos, sobre un perro y una mesa metálica, pero sobre todo acabas viendo cómo el número 230 y el número 23 riman, y hacen que todas las cosas rimen.



En el vestíbulo de la Biblioteca del Campus de Colmenarejo encontraréis una selección de antologías de todo tipo: relatos y poesías, amor y terror, alegrías y penas... Escoje las que más te gusten y llévatelas en préstamo.

Antología de Spoon River

Nos resistimos a las lecturas sobre la muerte. A nadie le gustan los muertos ¡hombre! ni los cementerios, ni los zombies ni toda esa porción de cosas tétricas que relacionamos con esta noche (Halloween) y la de mañana (Noche de Difuntos). Las castañas, la calabaza y los dulces ¡si! por supuesto. Y los huesos de santo, los buñuelos y el chocolate caliente.

Ante la abundancia de sombreros de bruja, calabazas horadadas, maquillajes pálido-verdosos y ropa hecha jirones negros, hoy voy a volver la vista. No hacia la tradición de la Noche de Difuntos (con Becquer metiendo miedo en las venas) sino hacia la propia tradición americana, hacia una poética del recuerdo al difunto que no necesariamente tiene que ver con el supuesto "gótico" al que nos tiene acostumbrada el imaginario Halloween.

A pesar de la imagen reproducida arriba, de la cubierta de este libro en la edición que poseemos en la Biblioteca, no es un texto sobre cementerios, ni sobre muertos en realidad, sino sobre personas que estaban vivas. Sólo que se presentan a través de sus lápidas.
La Antología es la crónica poetizada de una ciudad imaginaria, Spoon River, escrita en los nichos de su también imaginario cementerio. Son los muertos, a través de sus epitafios, quienes nos hablan de su intrahistoria a la luz de los oficios, cargos o profesiones que ejercieron o de lo que fue su vida cotidiana. Cada epitafio, un poema, una pequeña crónica, un relato, un fragmento de vida: "Uno murió de una fiebre, / otro se quemó en una mina, / a otro le mataron en una riña, / otro murió en la cárcel, / otro cayó de un puente donde trabajaba para mantener a su mujer y a sus hijos.../ Todos, todos duermen. Todos están durmiendo en la colina". Manuel Rico, en Babelia.
 O en sus propios versos originales:

 All, all are sleeping on the hill.
One passed in a fever,
One was burned in a mine,
One was killed in a brawl,
One died in a jail,
One fell from a bridge toiling for children and wife—
All, all are sleeping, sleeping, sleeping on the hill.
Insisto, nadie se engañe. Es un libro poético que cuenta historias, o una novela coral escrita en verso libre. Pero lleno de seres vivos. No hay morbo en ello, más allá de la cubierta que ilustra esta edición, y del hecho de saber que lo que lees son lápidas. Es un libro, en definitiva, como las grandes obras de la literatura universal, para conjurar la muerte.

Para terminar, y volviendo a la Biblioteca: ¿quieres leer el libro? está en los estantes, búscalo. O ve tras él con tu e-reader, tableta, iPad o lo que tengas. Experimenta la lectura portátil, si quieres, con este título:

Cerezos

Hoy 21 de marzo se celebra el Día Internacional de la Poesía, por decisión de la UNESCO desde 2001, para "consagrar la palabra esencial y la reflexión sobre nuestro tiempo". Y el tiempo en que nos hallamos, enciendas la tele o no, es terrible. Apocalíptico incluso, según qué medios de comunicación. Lo cierto es que la poesía, como lenguaje con altas dosis de expresividad, nos puede servir lo mismo para alabar la floración primaveral que para deplorar la pequeñez humana ante la magnitud de los hechos.

Por ello nos hemos sumado a la iniciativa del portal LEER.es de "llenar la red de haikus como un modo de mostrar nuestros sentimientos de fraternidad con el pueblo japonés" . Y a la de la Biblioteca Nacional de España, que ha convocado en su Salón de Actos un recitado colectivo de poemas.

Lo hemos hecho desde una aportación única (un sólo haiku) pero con un texto que hemos encontrado bastante significativo de lo que la UNESCO llama "nuestro tiempo". ¿La primavera? ¿la guerra? ¿la destrucción? Nos apela directamente este breve texto:

Aun floreciendo los cerezos
El nuestro es un mundo sufriente 

(Kobayashi Issa 1763-1827)

Debería bastar, hasta aquí.

Poemas de Emily Dickinson

Dicen que casi nunca en su vida salió de su habitación, en la casa paterna, esta mujer poeta íntima, intensa e inmensa. Dicen que es una especie de isla en las letras norteamericanas, que instauró un lenguaje poético nuevo, que usó la metáfora como nadie nunca antes. Dicen que amó a un hombre con quien no podía casarse, dicen que amó a una mujer, con la que tampoco. Dicen de su profunda fe presbiteriana. Dicen de su desesperanza. Dicen que sólo dejaba leer sus poemas a dos amigas, y que no quería verlos publicados.
Admonished by her buckled lips.
Let every babbler be
The only secret people keep
Is Inmortality
Emily Elizabeth Dickinson (Amherst, Massachusetts, Estados Unidos, 10 de diciembre de 1830 - 15 de mayo de 1886) pertenece a la estirpe de fuertes mujeres escritoras de los tiempos en que ser mujer y escribir era una combinación difícil. Dificultades relatadas por Virginia Woolf en "Una habitación propia" o por Carmen Martín Gaite en "Desde la ventana", por ejemplo. Pero mujer fuerte, como Emily Brönte, como Jean Rhys, o como la misma Teresa de Ávila - Juan Ramón Jiménez la calificó como "una Santa Teresa laica, presumida y coqueta de alma".
If my Bark sink
‘Tis to another sea -
Mortality’s Ground Floor
Is Immortality -
Dicen que se dejó influir por la Biblia, por las flores de su jardín -como las Indian Pipes de la foto, como las que acompañaron la portada de la primera edición de sus poemas- por Ralph Waldo Emerson o John Keats, por las abejas en la fuente o las moscas en la ventana -como Machado, mira- por Edgar Allan Poe y por los himnos que se cantaban en su iglesia.
How dreary - to be - Somebody!
How public - like a Frog -
To tell one's name - the livelong June -
To an admiring Bog!
Sabemos que ha interesado a tres mujeres fuertes tan distintas entre sí como Silvina Ocampo, -que tradujo sus poemas- Nuria Amat -que los versionó - o Carla Bruni - que los cantó.
El nombre iluminado
Cuando del ser amado
el nombre escuchas,
se ilumina con tal ráfaga,
íntima y fugaz,
como el sol sobre la nieve.

(Nuria Amat)

Tan lejos de la piedad, como la queja -
tan frío a la palabra -como la piedra -
inconmovible a la revelación
como si mi oficio fuera de hueso -
tan lejos del tiempo -como la historia -
tan cerca de uno mismo -hoy -
como niños, a las bufandas del arco iris -
a la puesta de sol a su juego amarillo
a los párpados en el sepulcro -
¡cuán mudo yace el danzarín -
cuando las revelaciones del color se rompen -
y resplandecen -las mariposas!

(Silvina Ocampo)





(Carla Bruni)



... y todo esto, por cierto, es a propósito de la pequeña exposición de literatura escrita por mujeres que puedes encontrar en la Biblioteca de Colmenarejo de la Universidad Carlos III de Madrid desde el pasado 8 de marzo. Hemos querido este año desvincular la celebración del Día de la Mujer Trabajadora de lecturas feministas -como hemos hecho otros años- y ofrecer la literatura desnuda.

Poesía en plenos exámenes

El pasado 12 de enero murió Ángel González, poeta. Y nosotros teníamos en la Biblioteca de Colmenarejo preparada una pequeña exposición de libros de poesía, en plena época de preparación de exámenes. ¿Por qué poesía en exámenes? Por que hace falta ser valiente para llevarse en préstamo un libro de poemas cuando se supone que uno debería estar sólo hincando codos, y también porque ambas cosas son complementarias ¿o es que hay algo menos poético que los exámenes de febrero?

Escribir un poema: marcar la piel del agua.
Ángel González
¿Y qué hace la poesía en una biblioteca universitaria? Ocupar poco lugar, la verdad. En la biblioteca universitaria es donde el saber sí que ocupa lugar: cientos de metros lineales de estanterías repletos de sesudos estudios monográficos, sobados manuales básicos, crípticas revistas académicas especializadas... un poco de literatura para el ocio, y de ella, muy poquita poesía. Pero de entre la poesía que encontramos, hemos seleccionado unos ejemplos (¡algunos ya han salido en préstamo!)

Cuerpo feliz que fluye entre mis manos,
rostro amado donde contemplo el mundo,
donde graciosos pájaros se copian fugitivos,
volando a la región donde nada se olvida.
Vicente Aleixandre

Haced caso a mi buen consejo, no rechacéis esta copa.
La brisa de primavera viene echándonos sus sonrisas.
Ciruelo y melocotonero, como viejos conocidos,
van combándose hacia nosotros y mostrándonos sus flores.
Li Bai

Lo no moroso al toque
el consonar a qué la sexta nota
los hubieron posesos
los sofocos del bis a bis acoplo de sorbentes subósculos
los erosismos dérmicos
los espiribuceos (...)
Oliverio Girondo

Yo estaba en el medio
giraban las otras en corro,
y yo era el centro.
Agustín García Calvo

Flores, parientes al fin de manos que ordenan,
(manos de muchachas de antaño y de ahora),
sobre la mesa, a menudo, del jardín extendidas,
exhaustas y heridas suavemente
Rainer María Rilke

Sola, aviejada y con el perro
nublaba mis ojos de llanto.
Su memorial de amor era el chucho;
como el diploma de su amparo.
Rafael Cansinos Assens

Me llevaron a la catequesis dominical
de Spoon River,
y trataron de hacerme abandonar a Confucio por Jesús.
No podría haberme ido peor
si yo hubiera tratado de hacerles abandonar a Jesús por Confucio.
Edgar Lee Masters

Puedo escribir los versos más tristes esta noche.

Escribir, por ejemplo: "La noche está estrellada,
y tiritan, azules, los astros, a lo lejos".

El viento de la noche gira en el cielo y canta.
Pablo Neruda

Revelación del alma que es el cuerpo,
la fuente del dolor y de la vida,
inmortalizador cuerpo del Hombre,
carne que se hace idea ante los ojos (...)
Miguel de Unamuno

El mediodía tiembla en el aljibe:
tiene el mismo latir que en el alerce
la caudatrémola
antes de alzar el vuelo y perderse en la umbría.
Carlos Murciano

Eres sabio y cobarde, estás herido en las mujeres húmedas, tu pensamiento es sólo recuerdo de la ira.

Ves las rosas temibles.

Ah caminante, ah confusión de párpados.
Antonio Gamoneda

Yo entiendo poco de dioses, pero me parece
que el río es un dios fuerte y pardo: huraño, indómito
y adusto; paciente hasta cierto punto, admitido
al principio como frontera; útil
y desleal como vehículo de comercio (...)
T.S. Eliot

Con tu rostro lampiño
me mirabas por el retrovisor,
y era tu raza sonriente
de pobladas pestañas curvas (...)
Antonio Gala

La mujer gorda venía delante
arrancando las raíces y mojando el pergamino de los tambores.
Federico García Lorca

Gritó la voz desde lo negro, vino
después pudriéndose en la luz, ya cerca
del marítimo azar visionario.
J.M. Caballero Bonald

debes ir una tarde de domingo,
cuando Venecia muere un poco menos,
a pesar de los niños solitarios,
del rosado enfermizo de los muros (...)
Antonio Colinas

Rosario, dinamitera,
sobre tu mano bonita
celaba la dinamita
sus atributos de fiera.
Miguel Hernández

Jardines de mi infancia
de clara luz, que ya me enturbia el tiempo,
con lluvias de... con el milagro
brillad, jardines, de los ojos nuevos.
Antonio Machado

Dispongo aquí unos grupos de palabras.

No aspiro únicamente
a decorar con inservibles gestos
el yerto mausoleo de los días
idos, abandonados para siempre como
las salas de un confuso palacio que fue nuestro,
al que ya nunca volveremos.
Ángel González